Por qué nos cuesta tanto tener los vínculos que tanto deseamos




Cuando pensamos en los desafíos que tenemos en nuestros vínculos cercanos, especialmente los románticos, solemos aducir que es el otro el que me hiere, el que me hace mal. Oímos repetir “Todos los hombres son así” o “Las mujeres son todas iguales” y creemos que somos víctimas de otros adultos que deciden nuestro destino -y cómo nos sentimos- por nosotras.


Poco sabemos que atraemos un estilo de personas y personalidades en base a nuestro sistema de creencias y cuán valiosas -o no- nos percibimos. Si yo no me siento merecedora de amor y de una relación saludable, y lo que despierta en mí el caos y el drama es el sentirme viva, entonces nunca voy a elegir a una persona con la que pueda construir aquello que sueño. Por más que lo desee con todo mi corazón.


Poco sabemos que la base para nuestras elecciones, y su consecuente reflejo en la elección de pareja, radica en nuestra infancia.


Quién elegimos es el reflejo perfecto de la disponibilidad emocional y afectiva de nuestros padres (o principales cuidadores) hacia nosotros en nuestros primeros años de vida. O su ausencia. Y en general, lo hacemos de una manera inconsciente, eligiendo en base a lo conocido, lo familiar, porque eso es lo que nuestro cerebro interpreta como "seguro" por más que no sea en absoluto seguro para nosotras.


Cómo se relacionaron con nosotros, con el mundo y con ellos mismos, va a condicionar cómo nosotras nos relacionamos con nosotras mismas, y, por ende, cómo nos relacionamos con el mundo y los demás.


John Bowlby fue el hombre que exploró y descubrió cuán determinante es para nuestra propia auto-valoración, la relación con la madre o nuestros principales cuidadores.


Psicólogo, psiquiatra y psicoanalista, quizás lo que más valida su palabra más que sus títulos, es su propia experiencia: tanto él como sus hermanos fueron criados por niñeras y apenas veían a su madre 1 hora por día cuando estaba presente. Más adelante, participaría como médico y psicólogo en la Segunda Guerra Mundial, tiempo cuando trató a adultos con neurosis y pudo acompañar y estudiar a los niños que quedaban abandonados, huérfanos o separados de sus padres debido a las circunstancias mundiales. Esto profundizó sus conocimientos sobre cómo ese vínculo primario (en general, el materno) determina cómo pensamos, cómo nos comunicamos y cómo interactuamos con nosotras mismas y con el mundo.


Cuando esa figura diseñada para nutrir, maternar, proteger, empoderar y liberar al niño no está de manera física o emocional, los efectos en la psique del niño son devastadores. Cuando ese bebé no siente la cercanía y disponibilidad de la madre que le asegure que todo está bien, que es perfecto tal cual es y que está protegido frente a cualquier peligro, vacío o abandono, las consecuencias son tremendamente dolorosas. Y esa consciencia de ausencia y abandono, de falta de reconocimiento y validación, la llevamos con nosotras toda la vida tomándola como única y absoluta verdad.

Este estudio profundo de la psique y el alma humana de parte de Bowlby y su fiel acompañante, Mary Ainsworth, lleva el nombre de: Teoría del Apego.


Cuando un niño no recibe todo lo que necesita para sobrevivir y para expandirse en la vida, internaliza un mecanismo de supervivencia disfuncional que luego impacta su vínculo con sí mismo y con los demás, determinando la calidad de sus relaciones y la exploración de su propio potencial y confianza en él mismo.


La elección constante de amistades o especialmente relaciones amorosas disfuncionales, nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué nos da pánico estar solas? ¿Por qué somos dependientes? O, ¿por qué huimos del amor de los demás y nos encerramos en nosotras mismas, evadiendo todo contacto emocional y psicológico profundo? Puede que deseemos profundamente un vínculo reparador y, sin embargo, cuando llega, no podamos sostenerlo. ¿Qué me pasa que no puedo tener en mi realidad aquello que tanto anhelo?


Reflejamos una y otra vez en esas relaciones nuestra falta de auto-valoración y amor propio, eligiendo en base a nuestras heridas, porque hemos internalizado una imagen de nosotras mismas errada y distorsionada, en base a una madre/cuidador principal que no supo y no pudo amarnos como necesitábamos para desarrollarnos sanamente.


Nuestro cuidador principal -desde que nacemos hasta los 2 años- (en general es la madre), va a determinar la libertad con la que vivamos o la ansiedad que nos produzca el mundo externo. Si el cuidador es sensible, receptivo y contenedor, el bebé va a sentir la suficiente seguridad como para salir a descubrir el mundo y hacerlo de una manera confiada. Él o ella tendrán entonces, apego "seguro".


Si el bebé no tiene un cuidador que actúe como sostén y soporte, reinarán las emociones inquietantes y dolorosas. En este espacio, hay grados dependiendo de la carencia: el niño puede tener apego inseguro-evitativo, inseguro-ambivalente o inseguro-desorganizado (Esto lo desarrollaremos en más profundidad en otro blogpost).


Que de pequeños nos den seguridad, nos consuelen, nos generen calma, y nos ayuden a regular las emociones en momentos de gran intensidad es fundamental para el equilibrio interno y la relación sana con el otro. Si no recibimos esto, pondremos en duda nuestro valor y dudaremos si somos merecedores de ayuda, protección y amor.


La Teoría del Apego nos puede brindar claridad absoluta para entendernos y entender por qué nos relacionamos como nos relacionamos. Gracias a esta comprensión, podemos cambiar nuestro destino y comenzar a construir la vida que deseamos.


No podemos dejarnos caer en la frustración, resignación y derrotismo, creyendo: "Si no lo recibí, entonces no lo voy a poder dar. Y tampoco me voy a creer merecedora de recibirlo".


Porque hay una excelente noticia: Sí podemos sanar el apego inseguro para así poder elegir vínculos sanadores, que nutren y cobijen el alma. Definitivamente podemos transformar la imagen que tenemos de nosotras mismas y la confianza en el mundo y los demás, para relacionarnos desde un lugar de libertad, autenticidad y disfrute.


Pero para eso, es esencial identificar nuestro sistema de apego, desafiarlo de manera constante para así poder trascenderlo, y reemplazarlo en nuestro interior por una mirada y diálogo interno positivos y amorosos.

Pero sabé que realmente podés llegar a sentirte plena, merecedora y valiosa y disfrutar de relaciones que te nutren, que te llevan a la expansión y a disfrutar de la vida, además de sostenerte y acompañarte en el proceso de sanación.


Para comenzar a hacer este trabajo, podés hacer click aquí para acceder a la entrevista que le hice a la psicóloga Paola Repetto Serna titulada “Cómo sanar la herida materna”. En este encuentro fascinante, ahondamos en la importancia del rol de la madre, cómo reconocer la herida materna y cómo comenzar a sanarla para vivir la vida que deseamos y construir los vínculos que tanto anhelamos.


También podés pasar por este post y este otro post en Instagram en el que desarrollo aún más el tema.


Es posible maternarte de la manera que necesitás y relacionarte con los demás de una manera que nutra y sane al mundo. Sabelo.

© María José Cormack 2020 | Página web creada por Delfina Velarde.