La pandemia como nuestra gran oportunidad PARTE I


Melancolía mezclada entre las fotos de viajes, nostalgia entre las invitaciones al casamiento que todavía no pudo ser, añoranza por la seguridad económica del trabajo que se perdió, congoja al pasar por el café de siempre repleto de recuerdos de reuniones sociales o encuentros con una misma mientras con barbijo y rapidez se camina rápidamente hacia el supermercado con el objetivo de una visita express, anhelo por ese abrazo familiar.


Nuestro presente está lleno de memorias de un pasado cercano pero que parece más lejano que nunca, porque no sabemos cuándo lo recuperaremos. Podríamos pasarnos horas recordando lo que fue, indagando en lo que no puede ser, y sufriendo por lo que no será (cuándo ni cómo lo imaginamos).

Pero mientras quedamos atrapadas en memorias seleccionadas y subjetivas, nos perdemos las oportunidades infinitas de este momento presente.


Mientras nos lamentamos y caemos en la queja, vemos escaparse frente a nuestros ojos la posibilidad de crear el futuro que deseamos desde cero.


Mientras, nos olvidamos lo siguiente: ¿hasta qué punto vivíamos de la forma que queríamos, nos relacionábamos de la manera que deseábamos y nos movíamos en un mundo de justicia e igualdad que anhelábamos?


El apego genera sufrimiento


El budismo enseña que el sufrimiento deviene del apego a las cosas. Cuando nos identificamos con ciertas personas, situaciones, aspectos de nuestra personalidad, nuestra productividad, trabajo/profesión, roles específicos, grupo de personas, hobbies e intereses, etc., y esto, por alguna razón u otra, es arrancado de nuestra vida, perdemos el norte. Porque no sabemos quién somos. Nos hemos condicionado y programado a depender tanto de la creencia de quién somos basado en lo externo para sostenernos y para guiarnos, que sufrimos en demasía cuando se da lo más natural y orgánico que puede suceder: el cambio.


En vez de entregarnos al vaivén y fluir de la vida, a nuestra propia fluidez, a la capacidad de crear y recrearnos una y otra vez, nos paralizamos. Nos olvidamos que tal como vemos reflejado en las estaciones y en nuestro propio estado emocional, la vida es cambio. Todo es cambio. Nada permanece inamovible ni inmutable. Y no somos lo que hacemos, lo que producimos ni lo que tenemos. Somos simplemente por ser. Y solo eso basta para indicarnos nuestro valor.


Cuando todo cambia es cuando se da la oportunidad perfecta para limpiar el pasado, purificar nuestras intenciones y nuestra visión, soltar todo aquello que nos ata o a lo cual nos aferramos por miedo a lo nuevo, a lo no familiar por no estar en línea con nuestra programación inconsciente. Es el tiempo perfecto para hacer espacio, para registrar y discernir.


Lo que fue ya no volverá a ser. No de la manera que era. El mundo ha cambiado radicalmente y nada volverá a ser lo mismo.


Vos podés elegir si eso es algo bueno, la gran oportunidad para la humanidad, para crear un mundo justo y expansivo, con personas viviendo en alineación con su potencial y su ser profundo.


O podés elegir hundirte en la negatividad, en una mirada pesimista y derrotista, creyendo que ha llegado una gran depresión, que el mundo se ha sumido en la oscuridad y que no hay absolutamente nada que podamos hacer para modificar lo que se ha manifestado en nuestra realidad.


Es tu decisión. Y lo que vos elijas va a determinar tu calidad de vida y tu futuro.


¿Y si esta pandemia es tu gran oportunidad?


Llegó el momento de poner nuestra mirada más allá de la línea del tiempo del pasado (que ni siquiera estamos muy seguros que nos ha dado todo lo que queríamos o necesitábamos y realmente nos satisfacía).


Salgamos de la creencia colectiva de posibilidades finitas y destino determinante, y aprovechemos esta oportunidad para mirar al cielo y aprender de la naturaleza: todo es belleza, todo es expansión, todo es creación y creatividad, todo es satisfacción absoluta de las necesidades para vivir y ser exitosas.


Abrámonos no solo a creer algo distinto. Sino también a crearlo.


A saber que lo podemos creer y crear, y así, manifestarlo en nuestra realidad y para el mayor bien de todos, no solo el propio.


Muchas de las cosas que sucedieron en nuestra vida a raíz de la pandemia pueden ser vistas como limitantes y dolorosas.

Pero, ¿puede ser que la cuarentena solo haya acelerado procesos que ya estaban truncos, en pausa, condicionados, y que solo necesitaban algo externo que terminara de liberarlos?


Quizás estos procesos en uno y a nivel humanidad ya se estaban gestando, pero:


1. No le estábamos dando el espacio físico, mental y emocional, para que se desarrollaran (un embarazo, una nueva oportunidad laboral, una nueva mirada sobre ciertas amistades, un divorcio o consolidación de una relación, un aspecto propio que necesitaba de manera urgente ser registrado y trabajado para liberarnos, un cambio en nuestras creencias sobre el dinero y la libertad, etc.).


2. No nos animábamos a dar el salto. En general, solo cuando pasa algo muy grande y radical, sentimos que estamos justificados para tomar esa decisión que requiere de fortaleza y valentía. De otra manera, ¿cómo lo justificamos frente al otro que boga “sentido común”, “lógica” y “seguridad” frente a una nueva ventura con resultados inciertos?

Si estás lista para pensarte de manera diferente, para cambiar tu sistema de creencias y comenzar a ver este momento presente y las posibilidades infinitas a las que invita, te invito a reflexionar sobre lo siguiente:


¿Podrá ser que esto que sucedió en tu vida es una manifestación de un deseo muy profundo tuyo?


¿Podrá ser que muy en el fondo, por más que te genera inseguridad, duda, angustia e incluso hace tambalear tu auto-valoración, esta situación haya traído a tu vida la posibilidad de dar ese paso que tanto anhelaba tu alma pero que no te animabas a tomar?


No ofrezcas resistencia a esta pregunta. Respirá profundo y date un tiempo para conectarte con tu interior y preguntarte con honestidad: ¿hay alguna parte de mí que manifestó esto?


No racionalices la respuesta, no la intelectualices. Dejá que la respuesta venga de tu interior.

Hasta incluso sobre las situaciones más dolorosas que sucedieron (alguna muerte, soledad, lejanía de los seres queridos, etc.).

¿Qué oportunidades te está brinando este nuevo estado, este espacio que se ha generado en tu vida que puede que, consciente o inconscientemente, lo hayas venido gestando?

© María José Cormack 2020 | Página web creada por Delfina Velarde.